La versada... Patrimonio intangible

El fandango es una de las expresiones culturales más arraigadas en los pueblos indígenas y mestizos de la región Sur de Veracruz. El contexto que rodea a dicha manifestación se basa no solamente en el baile, la música, sino que, a través de la versada y los sones, se encierra y reproducen una gran cantidad de representaciones cosmogónicas que intentan explicar de una u otra manera el origen del universo y de la vida.

Los versos en el son jarocho tienen la función de comunicar y socializar hechos pasados, eventos “fantásticos” que se vivieron en las comunidades y que mediante él son conmemorados en cada fiesta. Como ejemplo de ello tenemos el son del pájaro carpintero, el cual, (según las diversas versiones que se extienden a lo largo y ancho de la región sureña de Veracruz) era un hombre que recorría el monte y donde cada árbol (una mujer) quedaba marcado por el quehacer de su pico, también era consejero de los campesinos y los ayudaba en la siembra y diversas personas lo mencionan o identifican como un personaje “sabio y aguerrido “:

“Pajarito carpintero
Dame tu filosofía,
Porque quiero con esmero
Enfrentar la tiranía
Que gobierna al mundo entero…”

“El pájaro carpintero
Siempre vive apasionado
Y le advirtió al jilguero
Hombre vive con cuidado
Que siendo igual carbonero
Una mujer me ha tiznado…”

“El rayo con el maíz
Tiraban piedras a un cerro,
Perdió el rayo en un desliz
Y el maíz llego primero
Le ayudó la codorniz y el pájaro carpintero…”

Este último verso muestra la importancia de la versada como difusora de la manera en que las deidades y demás seres divinos participaron en acontecimientos sagrados para los pueblos del sur. Relaciona al pájaro carpintero con el maíz y con la deidad principal de los Nahuas: Tamakatzin[1] y Jomxuk de los popolucas. En una de las versiones del mito del Dios del Maíz se narra el episodio: “Tamakatzin peleó con el rayo y se pusieron a lanzar piedras al otro lado de un cerro (…) el rayo aventó la piedra y casi logró su cometido, cuando tocó el turno a Tamakatzin, el rayo se descuido y Tamakatzin pudo apoyarse en la codorniz y el pájaro carpintero que llevaron la piedra al otro lado del cerro y así Tamakatzin logró superar la prueba…”

En otros sones también se menciona al Balahú o balajú, que en diferentes partes del mundo tiene diversos significados como: un buque pequeño, o como un ave, una especia de “goleta americana”[2]. En el caso del son y la versada tradicional jarocha, se refiere a la nostalgia marina, los sueños, las experiencias del jarocho marinero cuya vida dependía de una relación positiva con el mar mediante el conocimiento de los cambios de temporal en los vientos y corrientes marinas, se advierte en sus versos la necesidad de compañía y de más, también levando al concepto de valor y peligros en la navegación en la guerra.

“Balajú siendo guerrero
Se embarcó para guerrear,
Le dijo a su compañero
Vámonos a navegar
Haber quien llega primero
Al otro lado del mar…”

“Cuando el marinero mira
La borrasca por el cielo
Alza la cara y suspira
Y le dice al compañero:
Si Dios me diera otra vida
No vuelvo a ser marinero”

Lamentablemente esta serie de conceptos e imaginarios que rodean al fandango la gente los desconoce en su mayoría, los jóvenes que acuden a estas fiestas no conocen la trascendencia de la versada, la poesía, el sentido cosmogónico y cultural que se recrean en los versos entonados al compás de la música, y el zapateado alrededor de la tarima…A la par de la pérdida del sentido y trascendencia del verso y la música de son, también hay un desconocimiento de las conductas que se daban hace décadas dentro del fandango, el respeto que tiene que mostrar tanto el jaranero como el bailador al subir a la tarima, como el esperar que quien esté sobre la tarima tenga la oportunidad de bailar uno o dos versos, el valorar el acompañamiento del zapateado entre el que canta y el que baila, ya que en su conjunto este convite[3] es manifestación de comunalidad y unión…
[1] Tamakatzin no solo es la deidad del maíz, sino que en un sentido más amplio evoca al complejo de fertilidad - potencia solar, ya que es mediante esta relación, como el mundo renace cada mañana.
[2] Durante la colonia en el Atlántico existían 2 tipos de navíos que eran muy comunes a enfrentamientos: el Galeón español y la Goleta americana. El primero era un artillero pesado y lento, el segundo, en cambio, eran ligeros y veloces con artillería de disparo rápido.
[3] Fiesta, convivencia. Un término rural que utilizan los campesinos al hacer referencia a esta fiesta: el fandango.

Jaraneras del sur

El grupo “Flor de tamarindo”, está integrado por ocho mujeres de diferentes edades y ocupaciones que coinciden en el gusto y el talento en la interpretación del Son jarocho, en su ambiente natural: El Fandango jarocho, donde todas ellas se han desarrollado como bailadoras, cantadoras y jaraneras. El grupo se originó en el 2006 dentro de los talleres organizados en “Don Tamarindo”, espacio cultural autogestivo, ubicado en Cosoleacaque, Ver. Ellas decidieron reunirse como una agrupación de son jarocho, con la intención de compartir su gusto por la tradición musical, integrando instrumentos que usualmente en el fandango no eran ejecutados por mujeres, como la Leona, el Marimbol, y hasta hace unas décadas la jarana tampoco era comúnmente tocada por mujeres. Desde su origen hasta la fecha han realizado diversas presentaciones en festivales y encuentros organizados en la región sur del estado de Veracruz, como el “Encuentro de mujeres jaraneras”, en sus emisiones 2007 y 2008, y el Festival de Son Jarocho de Chinameca de 2008. Flor de tamarindo es un grupo de mujeres que se caracteriza por hacer una interpretación fresca, natural y emotiva de la música tradicional en el estilo del sur de Veracruz, sin perder la fuerza y energía que caracterizan al son jarocho tradicionalmente tocado por hombres.

EL SON JAROCHO

Grupo de jaraneros de la Universidad Veracruzana Intercultural,los cuales hacen un trabajo de difusiòn del son jarocho tradicional con estilo mestizo.
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